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La edad limita el acceso al crédito de las personas mayores en Colombia

Estudio de Banca de las Oportunidades revela que la edad reduce las posibilidades de obtener crédito en mayores de 60 años, incluso si reciben pensión.

Por Dagoberto GonzálezRedacción EXTRA
⏱ 7 min de lectura
La edad limita el acceso al crédito de las personas mayores en Colombia
Imagen de portada · Grupo Editorial Central
En Colombia, los 60 años son el umbral que usa la norma para hablar de persona mayor. Sin embargo, en el sistema financiero esa cifra se ha convertido, de manera silenciosa, en una barrera. El país envejece más rápido que el promedio de América Latina (una de cada cuatro personas ya tiene 50 años o más) y, aun así, las personas mayores enfrentan el edadismo financiero, es decir, estereotipos, prejuicios y prácticas basadas en la edad que limitan su acceso al crédito y subestiman sus capacidades.

Así lo advirtió Paola Téllez, economista y Ejecutiva de Gestión Territorial y Educación Financiera de Banca de las Oportunidades, durante su intervención en el “Foro Nacional de Edadismo: avanzando hacia una sociedad que valore la vejez y combata la discriminación por edad”, que organizaron la Academia Nacional de Medicina, la Universidad de la Costa y la Universidad de Pamplona.

Cuando la edad pesa más que el riesgo


Durante el foro la experta presentó los resultados de un estudio experimental pionero de Banca de las Oportunidades con 200 asesores comerciales de bancos, cooperativas y microfinancieras del país. El objetivo era comprobar si la edad de los clientes influía en la decisión de otorgar un crédito y en su monto. Los asesores evaluaron perfiles de clientes ficticios con características asignadas al azar, lo que permitió aislar el peso de la edad frente a las demás variables.

Los resultados de este estudio exploratorio son contundentes. 

Al ordenar 12 criterios para evaluar a un cliente, los asesores ubicaron la edad en el cuarto lugar, por encima de la garantía y de la probabilidad de impago, que sí miden riesgo. El 17,5 % la puso entre sus dos criterios más importantes. Cuando se les pidió adivinar la edad de un cliente sin conocerla, aparecieron los estereotipos: si la persona no sabía qué es una tasa de interés, era 11 veces más probable que la imaginaran mayor. 

En el momento de decidir, el sesgo se hizo explícito. Al elegir a quién prestarle tres millones de pesos, la edad explicó el 14 % de la decisión, casi lo mismo que el ingreso (14,2 %). Tener 60 años o más generó una penalización del 6,9 % en la preferencia de los asesores, comparable a la de ganar menos de dos millones de pesos (7,6 %). Ser pensionado suma 12,4 %, pero no alcanza a borrar el castigo por edad. Además, este castigo apareció en todos los perfiles de asesores: hombres y mujeres, jóvenes y con experiencia, dentro y fuera de los bancos, explicó Téllez.

Sin embargo, los datos desmienten ese estereotipo. Según la Encuesta de Demanda de Inclusión y Capacidades Financieras de Banca de las Oportunidades (2026), el conocimiento financiero cae apenas 10,9 % entre las personas de 18 a 30 años y las mayores de 70. Lo que más disminuye, cerca del 22 %, son los comportamientos y las actitudes, es decir, la confianza y el uso.

A partir de esta evidencia, Banca de las Oportunidades construyó, con la Fundación 101 Ideas y Longevity Initiatives, la Guía de comunicación y atención a personas mayores para el sector financiero, que orienta buenas prácticas de lenguaje, imágenes y atención, y ayuda a reconocer las dos caras del edadismo. Una es el edadismo hostil, explícito y despectivo ("¿Para qué le vamos a ofrecer crédito si le quedan pocos años?"). La otra es el benevolente, menos visible y a veces más dañino, porque se disfraza de protección y le resta autonomía a la persona ("No se preocupe, abuelito, nosotros hacemos todo por usted"), señaló Téllez en su intervención.

Para Juan-Manuel Anaya, investigador profesor de la Universidad de la Costa y coordinador académico del foro, “los hallazgos de la Encuesta Nacional de Edadismo 2026 confirman que la discriminación por edad golpea con mayor dureza a las personas de menores ingresos (menos de un salario mínimo) y menor escolaridad. Este panorama de vulnerabilidad estructural se traslada directamente al ecosistema económico, donde el edadismo institucional y las barreras en el uso de nuevas tecnologías se convierten en cómplices de la exclusión financiera que margina a los mayores de los servicios y créditos formales”. 

“La discriminación por edad en el sistema financiero contribuye al aislamiento social y a la soledad de las personas mayores, lo cual detona problemas graves de salud pública como la depresión y un aumento en el riesgo de mortalidad. A los adultos mayores se les rechaza en las corporaciones financieras bajo el argumento de que sus tarjetas ‘ya no dan más’, empujándolos a un círculo de exclusión donde la sociedad asume erróneamente que ya no son productivos ni capaces de aportar”, explicó Anaya.
Las personas mayores pagan mejor, pero reciben menos crédito
De acuerdo con el Reporte de Inclusión Financiera de Banca de las Oportunidades y la Superintendencia Financiera de Colombia, existe una desconexión entre el comportamiento de pago de las personas mayores y la oferta que reciben. La mora a 30 días disminuye con la edad: pasa del 10 % entre los 51 y 60 años al 5 % después de los 80, el nivel más bajo de todos los grupos de edad.
No obstante, el acceso al crédito cae del 45 % entre los 36 y 50 años al 19 % después de los 80. En el mismo rango, la tarjeta de crédito baja del 31 % al 11 %, el crédito de consumo del 24 % al 12 % y el microcrédito del 9 % al 1 %.
En depósitos, el acceso pasa del 93 % al 62 %. La cuenta de ahorro tradicional se mantiene cerca del 48 % después de los 80 años. En cambio, los depósitos de bajo monto, que son la puerta de entrada a lo digital, caen del 79 % al 17 %. Según la economista Téllez, “esto evidencia que la brecha no es solo de acceso, sino de diseño de productos y canales”.
Adultos mayores, motor económico que el sistema financiero no puede ignorar

Según estimaci
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ones de AARP (Global Longevity Economy Outlook), en 2020 la población de 50 años o más aportó el 39,8 % del PIB colombiano, cerca de 301.100 millones de dólares. Hacia 2050, ese aporte llegaría al 42,1 % del PIB (955.800 millones de dólares) y a 11,1 millones de empleos, el 43,3 % del total.

Al mismo tiempo, Colombia vive más y nace menos. La esperanza de vida pasó de 50,6 años en 1950 a 77,6 en la actualidad. La fecundidad bajó de 6,7 a 1,6 hijos por mujer y se proyecta en 1,2 hacia 2050. Para 2070, el 51,5 % de la población tendrá 50 años o más. Por eso, el reto del sector financiero va más allá del acceso. Debe convertirse en una palanca de bienestar financiero, con productos, canales y una atención que permitan a las personas mayores usar sus servicios con autonomía y confianza a lo largo de la vida, anotó la economista.

“Para los sistemas financieros, la longevidad no es una carga, sino una oportunidad estructural para innovar en productos, servicios y modelos de atención. Excluir a las personas mayores no solo vulnera sus derechos; también le cuesta al propio sistema”, enfatizó Téllez en el foro de la Academia Nacional de Medicina, la Universidad de la Costa y la Universidad de Pamplona.

Hacia un sistema financiero libre de edadismo


La siguiente fase de la agenda de Finanzas Plateadas es llevar la guía a la ventanilla. A partir de 2027, Banca de las Oportunidades, en alianza con la Unión Temporal impacto 50+, acompañará a diferentes entidades financieras pioneras en su camino a ser entidades libres de edadismo. La ruta tiene cinco fases, del diagnóstico al escalamiento. Incluye sensibilización desde la alta dirección hasta los asesores y el ajuste de protocolos, modelos de atención y manuales, con resultados medibles. La meta, explicó Téllez, es que ninguna persona salga de una oficina sintiendo que su edad fue un problema.


Fuente: Prensa Programa Longevidad Saludable

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